Presentación:
Me llamo Enric soy hemofílico
del tipo A tengo 54 años, soy el único hemofílico de
cuatro hermanos (todos varones), estoy casado y padre
de una hija de 26 años.
Para que entendáis el enunciado
de mi exposición (La actitud ante el dolor),
os voy a hacer un resumen de mi infancia y adolescencia
pues vengo de una etapa en la que yo conocí el Factor
VIII con 17 años y explicaros un poco mi experiencia
personal.
Al tener varios hermanos “normales”
siempre han sido un espejo para mí de superación en
el día a día y así hacer la vida lo más normal posible.
Una vez pasados los episodios de convalecencia o reposo
por cualquier golpe en alguna articulación volvía a
la vida cotidiana (estudios, juegos, excursiones, etc.),
siempre con actitud positiva.
Hay dos etapas que marcan a los
hemofílicos de mi generación, son la infancia y la adolescencia.
Me diagnosticaron la Hemofilia
cuando tenía 3 años allá por el año 60 y en aquella
época no había ningún recurso (el Factor VIII)
para paliar los efectos de las hemorragias en un niño
hemofílico. Como comprenderán mi infancia fue bastante
dura, con problemas de hemorragias dentales por el cambio
en la dentadura (la solución era una transfusión de
sangre), múltiples hemorragias en las articulaciones
(codos, rodillas, tobillos) y con ello los consabidos
hemartros. Para paliar en lo posible estos episodios
la solución en aquella época no era otra que estar
lo más sedentario posible, y como consecuencia de
los repetidos hemartros y falta de movilidad el constante
deterioro en músculos y articulaciones.
Empecé a trabajar cuando tenía
15 años (1972) y no lo he dejado hasta los 50 (por una
incapacidad permanente).
Hasta la aparición del Factor
VIII (1968) la herencia adquirida por las numerosas
hemorragias articulares es que estas quedaron bastante
deterioradas, pero no por ello mi constancia por tener
una vida normal fue menor.
La actitud ante el dolor para
mí fue buscar alternativas y minimizar las consecuencias
de los episodios padecidos.
- En el año 1980 tenía nuevo trabajo,
me había casado y me infiltraron en la sinovial del
codo derecho. Después de un año sin hemorragias en
este codo volvieron a repetirse y fue entonces
cuando lejos de conformarme tomé la decisión de buscar
alternativas. Siempre hay una alternativa adecuada
si te asesoras con especialistas que te aporten sus
conocimientos y experiencia y por mi parte
aportar el conocimiento de mi propio cuerpo, (con el
paso del tiempo logras evaluar el nivel de dolor que
tienes). Estas alternativas han sido y son para
minimizar el dolor y mejorar mi calidad de vida además
de normalizarla.
Mis primeras
alternativas fueron:
- Rehabilitación
en piscina asesorado siempre por profesionales.
- Acupuntura y homeopatía, empecé los tratamientos en el codo derecho por los problemas
que aún tenía y los resultados fueron muy positivos.
Como me fue bien, seguí con este especialista periódicamente
para mantenimiento general durante 20 años.
- En los años 1988 y 90, me operaron
de (osteotomía de tibia) en ambas rodillas. Con este
procedimiento se transfiere la carga del peso corporal
a la zona lateral de la rodilla, aliviándose la zona
interna. La rodilla derecha pasados 20 años empezó
a dar muchos problemas de movilidad.
Más búsquedas
de alternativas fueron:
- En el año 1996, empiezo a acudir a los gimnasios con
consulta médica de traumatología y patrocinadas por
la Fundación Privada Catalana de la Hemofilia. Al
finalizar esta colaboración de la Fundación en el
año 2002 contacto con un fisioterapeuta particular
para seguir con el proceso de gimnasia pasiva de mantenimiento.
Posteriormente este profesional, al tener la especialidad
en osteopatía, me recomienda la electroterapia
de autotratamiento en casa para fortalecer la musculatura
de cuadriceps y minimizar el dolor crónico de ambas
rodillas,
a fecha de hoy me sigue controlando.
Y una alternativa
más:
- En el año 2009 contacto con
la Asociación para ser usuario del servicio de masaje
especializado para el tratamiento del dolor muscular
y crónico y que sigo a día de hoy. Puedo definir
mi experiencia como muy positiva ya que las diversas
técnicas corporales y de masaje que recibo me liberan
de todas las tensiones acumuladas con el día a día,
tanto a nivel muscular como articular por lo que me
proporciona vitalidad y bienestar.
- Hace 20 meses me colocaron una
prótesis total en la rodilla derecha con un resultado
muy satisfactorio tanto de la operación como el postoperatorio
y rehabilitación. Esta operación me ha facilitado la
movilidad, dándome más calidad de vida.
¿Quién no a dialogado con el
dolor alguna vez? por ejemplo: tienes un compromiso
por la mañana y te levantas con un tobillo que te molesta
y le dices “no me pongas el día difícil, te pongo un
tubigrip y cuando vuelva a casa estoy por ti” al decirle
estoy por ti me refiero a ponerle hielo, a estar en
reposo, etc...) y si la cosa se pone fea, pues Factor
VIII, diálogos con el dolor también están en la literatura
como en la novela de José Luis Sampedro (La sonrisa
etrusca) el protagonista de esta novela es un abuelo
y a su dolor lo llama “Rusca”. Es que al final el dolor
es como uno más de la familia, siempre pegado a ti.
Siempre procuro tener presente
esta reflexión: Mejor “ocuparse que preocuparse”,
además si mi entorno familiar está tranquilo el dolor
será menor, pues como soy el único que sabe mi grado
de dolor ¿para qué voy a preocupar a los demás?
Mi experiencia personal me dice
que si aplico este estilo de vida, minimizando el
dolor, noto una gran mejoría y consigo que estas
molestias no interfieran en mí día a día ni perjudiquen
mi estado de ánimo.
Así que, aunque suene a tópico,
anímate, llénate de positividad y tu dolor crónico será
más llevadero.
Muchas gracias por vuestra atención. |